Poco después de una nevada suave, la Capadocia parecía contener la
respiración. Las rocas, esculpidas por siglos de viento y tiempo, se alzaban
firmes mientras la luz de la tarde empezaba a bajar lentamente.
Dicen que bajo estas formaciones se esconden ciudades enteras excavadas en la roca, refugios que durante siglos protegieron a quienes
llamaron hogar a este lugar imposible. Quizá por eso Capadocia transmite algo tan antiguo y tan vivo a la vez.
Justo antes del atardecer, con el frío en las manos y la calma en la cabeza, todo encajó por un momento.
